Oración: "Cuando los malvados se acercan a mí"

Torá 36
A. Cada alma tiene una raíz en las setenta facetas de la Torá, a través de las setenta almas de la casa de Yaakov. Sin embargo, para ameritar la revelación de la Torá, debe ser refinada en el exilio de las setenta naciones e idiomas, y en sus malos rasgos.
B. El mal rasgo que abarca toda la maldad de las setenta naciones es la lujuria por la inmoralidad. Cuando una persona quiebra esta lujuria, está en su poder quebrar fácilmente el resto de sus deseos lujuriosos. Someter la lujuria por la inmoralidad lo lleva a uno al "Daat" (conocimiento espiritual): la "revelación de la Torá".
C. Para someter al reino de la maldad y ser incluido dentro del dominio del Reino de la Santidad, uno debe aceptar el yugo del Reino de los Cielos recitando "Shemá Yisrael" y "Baruj Shem" con los ojos cerrados.
El "Kriat Shemá" (la recitación del Shemá) corresponde a las doce tribus de Hashem. Cuando una persona lo recita, su alma se separa de los malos rasgos y entra bajo Su santo dominio.
D. Recitar el "Kriat Shemá" por sí solo puede ayudar a una persona contra los pensamientos pecaminosos que le asaltan ocasionalmente. Sin embargo, cuando la mente de una persona se inunda con tales pensamientos, debe derramar lágrimas al recitarlo.
E. Los tzadikim revelan la Torá y renuevan las almas de quienes escuchan. Cada persona es capaz de captar las palabras del tzadik de acuerdo con el grado en que rectifica su pacto (pureza personal). Quien cuida el pacto amerita renovar su alma a través de la Torá del tzadik, mientras que quien mancha su pacto es propenso a ser dañado por ella.
F. La razón de esto es que el fuego que desciende de lo alto, incluso cuando se canaliza a través de las palabras de la Torá o las palabras del tzadik, es una luz simple y sin forma. Solo la vasija preparada por el receptor determina qué forma tomará: ya sea para una bendición o, Jas veShalom (Di-s no lo quiera), todo lo contrario.