Oración contra la envidia (Tzarus Ayin)

Amo del Universo, concédeme el mérito de escapar de la envidia (tzarus ayin), y que no sienta envidia de ningún hombre en el mundo, ni de ninguna mujer en el mundo. Que verdaderamente me regocije con mi porción, y no transgreda ni por un solo momento o segundo la prohibición de "No codiciarás la casa de tu prójimo, la mujer de tu prójimo, ni nada que pertenezca a tu prójimo". Pues este es el Décimo Mandamiento, para el cual no hay perdón en el mundo, como dice el sagrado Arizal en Shaar HaGuilgulim, Capítulo 23, que no hay perdón para la envidia. Porque una persona debe comer, obtener ganancias, multiplicarse y lograr una parnasá (sustento), pero la envidia es completamente innecesaria y no tiene beneficio alguno. Como se afirma en el Tratado Shabat 153: "La envidia es la podredumbre de los huesos" (Proverbios 14:30). Pues estaban cavando en la tierra de Rebe Najmán —quien es el único que puede sacar a una persona de la envidia— y encontraron a un hombre en la tierra. Se aterrorizaron y pensaron que era un demonio. Él les dijo: "Soy el famoso Amorá, Rabí Ajai bar Ioshiá, quien puede endulzar cada juicio en el mundo, y expiar cada pecado en el mundo, pero solo si la persona hace una verdadera teshuvá (arrepentimiento), hasta el punto en que el Conocedor de los Secretos (Hashem) pueda testificar sobre él que nunca más volverá a este pecado".
BS"D
Oración contra la envidia (Tzarus Ayin)
Amo del Universo, concédeme el mérito de escapar de la envidia (tzarus ayin), y que no sienta envidia de ningún hombre en el mundo, ni de ninguna mujer en el mundo. Que verdaderamente me regocije con mi porción, y no transgreda ni por un solo momento o segundo la prohibición de "No codiciarás la casa de tu prójimo, la mujer de tu prójimo, ni nada que pertenezca a tu prójimo". Pues este es el Décimo Mandamiento, para el cual no hay perdón en el mundo, como dice el sagrado Arizal en Shaar HaGuilgulim, Capítulo 23, que no hay perdón para la envidia. Porque una persona debe comer, obtener ganancias, multiplicarse y lograr una parnasá (sustento), pero la envidia es completamente innecesaria y no tiene beneficio alguno. Como se afirma en el Tratado Shabat 153: "La envidia es la podredumbre de los huesos" (Proverbios 14:30). Pues estaban cavando en la tierra de Rebe Najmán —quien es el único que puede sacar a una persona de la envidia— y encontraron a un hombre en la tierra. Se aterrorizaron y pensaron que era un demonio. Él les dijo: "Soy el famoso Amorá, Rabí Ajai bar Ioshiá, quien puede endulzar cada juicio en el mundo, y expiar cada pecado en el mundo, pero solo si la persona hace una verdadera teshuvá (arrepentimiento), hasta el punto en que el Conocedor de los Secretos (Hashem) pueda testificar sobre él que nunca más volverá a este pecado".
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Oración contra la envidia (Tzarus Ayin)
Amo del Universo, concédeme el mérito de escapar de la envidia (tzarus ayin), y que no sienta envidia de ningún hombre en el mundo, ni de ninguna mujer en el mundo. Que verdaderamente me regocije con mi porción, y no transgreda ni por un solo momento o segundo la prohibición de "No codiciarás la casa de tu prójimo, la mujer de tu prójimo, ni nada que pertenezca a tu prójimo". Pues este es el Décimo Mandamiento, para el cual no hay perdón en el mundo, como dice el sagrado Arizal en Shaar HaGuilgulim, Capítulo 23, que no hay perdón para la envidia. Porque una persona debe comer, obtener ganancias, multiplicarse y lograr una parnasá (sustento), pero la envidia es completamente innecesaria y no tiene beneficio alguno. Como se afirma en el Tratado Shabat 153: "La envidia es la podredumbre de los huesos" (Proverbios 14:30). Pues estaban cavando en la tierra de Rebe Najmán —quien es el único que puede sacar a una persona de la envidia— y encontraron a un hombre en la tierra. Se aterrorizaron y pensaron que era un demonio. Él les dijo: "Soy el famoso Amorá, Rabí Ajai bar Ioshiá, quien puede endulzar cada juicio en el mundo, y expiar cada pecado en el mundo, pero solo si la persona hace una verdadera teshuvá (arrepentimiento), hasta el punto en que el Conocedor de los Secretos (Hashem) pueda testificar sobre él que nunca más volverá a este pecado".
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Oración contra la envidia (Tzarus Ayin)
Amo del Universo, concédeme el mérito de escapar de la envidia (tzarus ayin), y que no sienta envidia de ningún hombre en el mundo, ni de ninguna mujer en el mundo. Que verdaderamente me regocije con mi porción, y no transgreda ni por un solo momento o segundo la prohibición de "No codiciarás la casa de tu prójimo, la mujer de tu prójimo, ni nada que pertenezca a tu prójimo". Pues este es el Décimo Mandamiento, para el cual no hay perdón en el mundo, como dice el sagrado Arizal en Shaar HaGuilgulim, Capítulo 23, que no hay perdón para la envidia. Porque una persona debe comer, obtener ganancias, multiplicarse y lograr una parnasá (sustento), pero la envidia es completamente innecesaria y no tiene beneficio alguno. Como se afirma en el Tratado Shabat 153: "La envidia es la podredumbre de los huesos" (Proverbios 14:30). Pues estaban cavando en la tierra de Rebe Najmán —quien es el único que puede sacar a una persona de la envidia— y encontraron a un hombre en la tierra. Se aterrorizaron y pensaron que era un demonio. Él les dijo: "Soy el famoso Amorá, Rabí Ajai bar Ioshiá, quien puede endulzar cada juicio en el mundo, y expiar cada pecado en el mundo, pero solo si la persona hace una verdadera teshuvá (arrepentimiento), hasta el punto en que el Conocedor de los Secretos (Hashem) pueda testificar sobre él que nunca más volverá a este pecado".